¿Resulta caro cambiar de ERP?
enero 16, 2012 Dejar un comentario
Probablemente uno de los factores, que no el único, que más afecta al abordar un cambio de ERP es el factor coste tiempo/dinero. Y no estamos hablando exclusivamente de recursos. No olvidemos que el cambio de ERP muchas veces debe responder a los cambios que se han generado dentro de los procesos o del negocio de la Compañía.
Al menos eso es lo que se desprende de un informe internacional realizado por Technology Evaluation Centers, en el que se encuestó a 307 directivos de diversos sectores de actividad, sobre sus soluciones ERP y la capacidad de estas para adaptase a cualquier cambio en el modelo de negocio.
El estudio centrado en empresas entre 100 y 1000 trabajadores, que ya implica un ratio de complejidad importante en sus sistemas ERP, desvelaba que el 55% de ellas no podian asumir cambios en los datos y en los procesos de negocio sin tener que recurrir a consultores externos, lo que encarecía el proceso de cambio. Leer más de este artículo
Hace algunas semanas nos lo contaba Víctor Küpper en el
La implantación de un nuevo ERP en la pyme es uno de los procesos más críticos a los que se enfrentan los profesionales del sector. Horas de consultoría, más horas de parametrización, días o semanas implantando la instalación, aunando esfuerzos, empeñando dedicación y por fin llega el gran momento. Vas al responsable de la empresa y le dices: “Ya tiene el ERP preparado para funcionar a pleno rendimiento”.
Es cierto que cada vez más las pymes y las microempresas entienden que la implantación de un ERP ya no es un gasto, sino una inversión. Lo leemos en las revistas y lo reflejan los informes de las grandes consultoras, pero la realidad comercial del día a día nos demuestra que todavía existen pymes y micropymes que no entienden las ventajas que les aporta un programa de gestión empresarial, independientemente de su tamaño y de su actividad.
No deja de sorprenderme la evolución que ha seguido el software en los últimos años en función del segmento de mercado al que se dirigen. Mientras que los programas domésticos y de ocio han buscado en la intuitividad y la sencillez de uso una de sus ventajas competitivas, este camino no se ha seguido en el software utilizado por las empresas, cada vez más complejos, no tanto por sus funcionalidades específicas sino por los costes en formación del personal que suponen y la complejidad y la dificultad de operar con ellos por parte de los usuarios finales.
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